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Historia de la cosmética

Muchos piensan que usar productos cosméticos tiene como finalidad el vernos más guapos o guapas, pero el objetivo real es otro. La cosmética nace como una disciplina de la ciencia de la salud, persiguiendo satisfacer las necesidades de nuestra piel y cabello a fin de ofrecerle las soluciones adecuadas para su bienestar y mantenimiento saludable. ¿Lo sabíais?

Así, ya los pueblos primitivos se preocuparon por desarrollar una serie de cuidados y técnicas que dieran solución a todas aquellas exigencias de su físico. Todo esto ha ido desarrollándose y evolucionando hasta ser a día de hoy la cosmética una industria en la que convive y colabora la medicina, química, tecnología, biología y farmacia.

De esta forma, para entender hacia dónde se dirige la cosmética, haremos un recorrido por su trayectoria desde la antigüedad. Sólo de esta forma entenderemos la situación actual y el futuro que se espera. ¡Buen viaje!

El pasado de la cosmética

Podemos decir que anteriormente, el uso de cosméticos se aproximaba más a una necesidad que a un lujo, ya que su finalidad era mayoritariamente médica. Las curas y cuidados naturales estaban establecidos en muchas culturas como rituales sociales, religiosos, de belleza e incluso como símbolo de status.

Para los preparados cosméticos, nuestros antepasados utilizaban todos los recursos que tenían a mano y que mostraban propiedades beneficiosas. ¿Recordáis los baños de leche de Cleopatra? Ya en el antiguo Egipto llevaban a cabo labores cosméticas con elementos que mimaban el bienestar de la piel y cabello.

Cada civilización ha dejado un legado de conocimientos y demostraciones que ha hecho que a día de hoy conozcamos la gran cantidad de cualidades, utilidades y componentes que poseen los recursos que ofrece nuestro planeta. Su explotación y desarrollo ha creado la realidad que vivimos ahora.

El presente de la cosmética

En la actualidad, el sector de la cosmética mueve millones de euros alrededor de todo el mundo. En una sociedad globalizada y tecnológica, laboratorios de todo el planeta unen sus conocimientos y comparten sus avances.

Las fórmulas de los productos son controladas por una estricta regulación sanitaria en todo el proceso de fabricación. Y no es para menos, ya que en un mercado globalizado donde la legislación es diferente en cada país, es necesario establecer una serie de medidas y protocolos comunes a fin de armonizar la situación y garantizar la calidad y seguridad de los preparados.

En cuanto a la producción, al ser bienes que presentan una gran demanda, suelen producirse a gran escala, lo que ha significado que se sustituyan muchos productos naturales por otros químicos artificiales más aptos para la fabricación a escala. Aún así, cabe decir que los fabricantes de cosmética siguen dependiendo de los recursos naturales, y es que son materias requeridas en el proceso (minerales y vegetales).

Destacamos también la evolución de la forma en que se presentan los productos, ya que podemos obtener el mismo preparado en diversos formatos: cremas, sprays, mousses, parches… Así, podemos ver como el abanico de posibilidades que encontramos en el mercado se adapta perfectamente a cada persona y necesidad.

El futuro de la cosmética

Como vemos, la tecnología siempre está evolucionando y mejorando. Así, esperamos que, cada vez más, se integren los aspectos tecnológicos a los productos estéticos, haciéndolos más efectivos, seguros y eficientes.

Por otra parte, la sociedad muestra de forma incremental su preocupación y concienciación por el medioambiente. Se plantea una visión más responsable y protectora del entorno natural, por lo que la cosmética natural, sostenible y ecológica cogerá peso en los próximos años.

Así, el futuro de la cosmética promete fusionar ética, sostenibilidad, moda, necesidad y belleza en sus productos. Se perseguirá y valorará la excelencia en la naturalidad, por lo que las empresas competirán bajo un contexto en el que se tratará de evitar los químicos. Esto presenta un encarecimiento de los costes.

Los nuevos consumidores se descubrirán más exigentes, por lo que mostrarán mayor interés e inquietud ante aspectos como las características, origen y cualidades de su compra. Compararán más y serán más rigurosos, por lo que es tarea de las empresas adaptarse a este nuevo panorama para poder satisfacer las necesidades y expectativas de su público.

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