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La luz azul de las pantallas: efectos sobre la piel

Estamos expuestos a la luz azul en todas partes. En el exterior, la recibimos del sol. Y es que, la onda azul emitida por esta estrella, al chocar con las moléculas encontradas en el aire, hace que se disperse por toda la atmósfera la luz azul. ¿Nunca os habéis preguntado el por qué del color del cielo? Pues ya sabéis la razón.

Por otra parte, de forma artificial, también quedamos exhibidos a este tipo de luz, ya que está presente en todas las pantallas de nuestros dispositivos: móviles, ordenadores, tablets, televisores… Por lo que al fin de cuentas, con la rápida evolución de las tecnologías, las pantallas digitales se han instalado en nuestras vidas y hacen que estemos cada vez más expuestos a este tipo fuente de luz y por más período de tiempo.

La invasión de los dispositivos electrónicos que emiten esta luz ha sido tan rápida que no ha dejado margen de tiempo a nuestro organismo para adaptarse a este cambio. Nuestro cuerpo aún no ha sido capaz de crear los mecanismos fisiológicos correspondientes para atacar y protegerse, por lo que surgen más problemas derivados relacionados con nuestra salud.

Entre las consecuencias ante la mayor exposición a la luz azul, como ya sabréis, se encuentra el daño de la retina de nuestros ojos. Sin embargo, una exposición prolongada manifiesta otros tantos efectos. Entre ellos destacamos uno que seguramente no conoceréis: el deterioro de nuestra piel.

¿Qué le pasa a nuestra piel al estar sometida a la luz azul artificial?

  • Manchas. Una exposición continuada puede provocar en nuestra dermis daños en forma de manchas. Las investigaciones han demostrado que esto se produce por culpa, principalmente, de la opsina 3, una molécula proteínica de nuestro cuerpo sensible a la luz. Además, curiosamente, esto afecta más a las personas con un fototipo de piel por encima del III, esto es, a los individuos que presenten una piel más morena.

  • Sequedad. La luz azul también causa una disminución de una de las moléculas de nuestro organismo dedicadas a mantener la hidratación de la piel: las acuaporinas. ¿Qué significa esto? Pues que el metabolismo de nuestra epidermis queda alterado, perdiendo cierta capacidad para retener agua. Esto acaba traduciéndose en sequedad y en consecuencia, en el envejecimiento prematuro de la piel.

  • Envejecimiento. Otro factor providente de la exposición a este tipo de luz es el deterioro del colágeno, una sustancia de nuestro tejido que se encarga de mantener unida la estructura de nuestro organismo. Esta proteína es responsable de la elasticidad e hidratación de nuestra piel, por lo que, si se ve afectada, es completamente normal la aparición de arrugas dérmicas, que acaban significando un deterioro precoz de la apariencia física de nuestra piel.

Como hemos visto, los rayos que reflejan la luz azul pueden llegar a dañar las células intradérmicas. Esto, a largo plazo puede romper la estructura celular de nuestros tejidos, por lo que ser conscientes de sus riesgos nos hará tomar medidas y ser precavidos.

Además, cabe destacar que quienes están más sometidos a este tipo de daños son algunos colectivos concretos: personas con un fototipo alto (ya que producen más melanina), mujeres embarazadas e individuos que se realicen peelings o tratamientos que hagan que la piel esté más sensible.

¿Qué medidas podemos tomar para protegernos de la luz azul de las pantallas?

  • ¡Protégete!. Existen cantidad de productos destinados a proteger nuestra piel de factores externos como la luz azul. Recomendamos los que contengan una sustancia llamada luteína, ya que neutraliza o mitiga los componentes nocivos de este tipo de luz, protegiendo nuestras células. El rostro debería ser la zona a la que más atención hay que prestar, ya que es la que más sometida queda.

  • Hidrata tu piel. Utiliza remedios que reparen tu piel, como el aceite de rosa de mosqueta, un antioxidante que ayuda a desintoxicar nuestra dermis además de nutrirla.

  • Pasa menos tiempo frente a las pantallas. Sabemos que en ocasiones es inevitable dedicar gran parte de nuestro tiempo a las tecnologías digitales, y más si tu trabajo supone trabajar frente a un ordenador. Pero seguro que puedes intentar dedicar menos tiempo en lo que respecta a tu tiempo libre.

  • Reduce el brillo de tus dispositivos. Otra opción, si es posible, es ajustar el dispositivo mediante aplicaciones dedicadas a ofrecer un tipo de luz según la hora del día o el grado de oscuridad en el que te encuentres. Se activará el filtro adecuado para protegerte de la luz azul.

  • Alimentos antioxidantes. Ingerir sustancias con propiedades antioxidantes nos ayudará a fortalecer nuestra piel desde el interior. Recomendamos incorporar en nuestra dieta: brócoli, té verde, tomate, canela, chocolate negro...

Además de afectar negativamente a nuestra visión y piel, el exceso de luz azul puede trastocar nuestro ritmo circadiano, y con ello, nuestro sueño y descanso. Así que, aunque las nuevas exigencias tanto laborales como de nuestra vida diaria nos reclamen la exposición a este tipo de fuentes de luz, es nuestra elección limitar o no el tiempo frente a las pantallas.

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